Había una (y otra) vez un circo

FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA

www.nosolomerida.es | Festival de Mérida | HÉRCULES | El ‘Diccionario’ oficial de mi bienamada Real Academia Española no me dejará mentir si recuerdo aquí y ahora que los hispanohablantes empleamos el sustantivo masculino ‘circo’, además de para referirnos al “edificio o recinto cubierto por una carpa, con gradería para los espectadores, que tiene en medio una o varias pistas donde actúan malabaristas, payasos, equilibristas, animales amaestrados, etc.” o al “conjunto de artistas, animales y objetos que forman parte de este espectáculo”, para aludir coloquialmente a cualquier tipo de “confusión, desorden, caos”. Y, puestos a catalogar la propuesta escénica de ‘Hercules’ como un circo —que es lo que han hecho sus promotores—, me inclino por esta última (y un tanto despectiva) acepción y no por las dos anteriores, que vienen demasiado grandes a un espectáculo menor indigno de formar parte de la programación oficial del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

http://www.festivaldemerida.es//fotos/fotos_prensa/1647/files/1647_fichero_1.jpgLa idea de narrar las peripecias del ínclito semidiós alumbrado por Zeus y Alcmena a ritmo de musical no es (ni mucho menos) nueva: desde que Disney pusiera sobre él sus pegajosas manos en 1997 en forma de adaptación cinematográfica animada, el más forzudo de los héroes griegos se convirtió en objeto de mercadotecnia globalizadora, y sus andanzas canturreadas, en rentable franquicia con la que entretener a los espectadores del mundo domesticado. Mas, por alguna razón que se me escapa, a una pandilla de faranduleros extremeños —la compañía Rodetacón, para más señas— se le ocurrió hace unos meses que podía superar la infantiloide oferta de la todopoderosa factoría yanqui, aportando un punto de vista descaradamente humilde y (des)idealizado del mito. Y la cosa ha salido regulera.

A fuer de ser originales, los autores del guion dramatizado que sirve de sustento al invento —Miguel Murillo y Ricard Reguant— dibujan a un Hércules decadente que arrastra su cochambrosa figura por los caminos de España como reclamo de un circo crepuscular con más ilusión que medios que anda inmerso en su particular viaje a ninguna parte. Pero pronto descubrimos que esta (poco) sutil recreación de los últimos días del verdadero ’Buffalo Bill’ es solo un señuelo para sumar espectadores, pues los verdaderos protagonistas del espectáculo son otros.

En realidad, el peso de la función recae sobre un maestro de ceremonias que puntualmente se desdobla en papá Zeus —un (sobre)actuado aunque vocalmente impecable Paco Arrojo—. Junto a un apocado Pablo Abraira (Hércules maduro) que, generosa y acertadamente, cede el protagonismo a los más jóvenes, limitándose a contemplar los acontecimientos desde un rincón, el cantactor extremeño va narrando las tribulaciones del Hércules lozano —encarnado más atlética que artísticamente por Javier Pascual—, que se centran en los doce trabajos que le fueron encomendados por la Sibila de Delfos para purgar sus pecados.

Así, con mayor o menor artificio y detenimiento —según determinan la espectacularidad de la acción o, mayormente, la limitación presupuestaria—, vamos viendo sucederse la caza del león de Nemea, la muerte de la hidra de Lerna, la captura de la cierva de Cerinea y la del jabalí de Erimanto, la limpieza de los establos de Augías, la caza de los pájaros del Estínfalo, la captura del toro de Creta, el robo de las yeguas de Diomedes, y el del cinturón de Hipólita, y el del ganado de Gerión, y el de las manzanas del jardín de las Hespérides, y, por último, la salvación del Hades del can Cerbero.

El resultado de este ir y venir de numeritos es una amalgama un tanto deslavazada y escenográficamente exigua que lo fía todo al colorín de los ropajes, las acrobacias y los bailoteos del coro y, principalmente, la epatante música, de la que se encarga Ferrán González con la asistencia de Xenia Reguant en las letras. Juntos dan forma a un didáctico y entusiasta repertorio que, en cualquier caso, parece más apropiado para un función infantil de tarde de domingo que para una noche de gala en el Teatro Romano.

Todo ello se desarrolla al antojo de Ricard Reguant, una de las figuras más particulares de las artes escénicas españolas. Capaz de lo mejor y de lo peor, el que en otros tiempos fue denominado “rey de los musicales”, ha sido artífice de algunas de las mejores adaptaciones de los grandes éxitos de Broadway pero, también, responsable de la trama artística de la Gürtel, cuya carta de presentación fue ‘Vuelven las corsarias’, aquella revista posmoderna protagonizada por Marlene Mourreau, Malena Gracia y Rosana Walls. Con ‘Hércules’ no logra ni lo uno ni lo otro. Pasará sin pena ni gloria al saco del olvido. Eso sí, tras haber recibido miles de aplausos de un público (demasiado) a favor de obra.

http://www.festivaldemerida.es//fotos/fotos_prensa/1642/files/1642_fichero_1.jpg

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