Sí al AVE en Extremadura

Opinión - Paqui Chaves Sánchez

www.nosolomerida.es | Opinión | Paqui Chaves Sánchez | Como no me gustan las medias tintas, quiero que queden las cosas claras desde el principio: Yo SÍ quiero que Extremadura tenga AVE.

Y hay muchas razones para una afirmación como esta: razones técnicas, económicas, de agravio con el resto del país, de necesidad, de oportunidad…., argumentos que deberían bastar y servir de acicate a la clase política de esta región para que vayan a exigir a Madrid de manera tajante y sin paliativos las inversiones necesarias que permitan, de una vez por todas, que el ferrocarril extremeño se sitúe en el siglo XXI y nos coloque a la ciudadanía extremeña en las mismas condiciones que el resto de España para vivir y trabajar.

Existen magníficos estudios técnicos que avalan la necesidad de una infraestructura como esta, acompañados de la memoria económica correspondiente que garantiza su viabilidad. La Asociación de Amigos del Ferrocarril de Extremadura y su presidente, mi amigo Ángel Caballero, han realizado esos trabajos de manera seria y rigurosa, avalados por su propia experiencia, sus conocimientos y profesionalidad, adquiridos a lo largo de sus muchos años trabajando en Renfe, en puestos relevantes, así como el rigor, compromiso y seriedad que siempre han acompañado cada uno de sus trabajos. Son muchas las ocasiones en las que Ángel Caballero ha expuesto y defendido públicamente estos estudios, nada puedo añadir yo que sirva para mejorarlos, cabe por tanto resaltar que hago mío esos argumentos y creo que está suficientemente demostrado que el AVE es necesario, viable y exigible por la clase política extremeña ante quienes tienen que dar la orden de hacerlo, que no es otro que el Gobierno del Estado y su Ministerio de Fomento.

Me consta que estos estudios han sido defendidos en Madrid por los políticos extremeños del PSOE, en el anterior gobierno, acompañados por el propio Caballero, y también me consta que sus explicaciones han sido escuchadas con atención por los técnicos que acompañaban a los dirigentes nacionales para tratar de poner cortapisas a las demandas extremeñas. Por eso no puedo entender que los dirigentes socialistas, otra vez en el gobierno, prescindan de un asesoramiento tan valioso a la hora de sentarse en una mesa a negociar; si la explicación es que disponen de mejores argumentos y personas para hacerlo yo espero que, cuanto antes, nos comuniquen el inicio/reanudación de las obras para que sea una realidad el tren del siglo XXI en Extremadura.

Del Partido Popular extremeño poco podemos esperar, ya que el gobierno de Monago intentó hacernos creer que un “futuro tren de altas prestaciones” era lo mismo que el AVE y ni siquiera eso ha sido capaz de conseguir de sus compañeros de partido en Madrid. Pero resulta descorazonador comprobar que cuando se trata de exigir a los suyos, los responsables políticos se vuelven tan blanditos como la gelatina y acaban tratando como idiota a la ciudadanía para justificarse. Y no me refiero solo a los políticos del PP.

Hay quienes argumentan que Extremadura necesita muchas cosas y que la inversión en el AVE es prescindible. Habrá que recordar que la llegada del tren a Extremadura supuso un avance sin precedentes en nuestra región, no solo en cuanto a las comunicaciones sino que también abrió las puertas para el desarrollo industrial de zonas como Mérida, potenciando su situación estratégica como nudo ferroviario entre el norte y el sur, el este y el oeste. Todo ese tejido industrial ha desaparecido de manera pareja al abandono del ferrocarril y hoy esta ciudad sobrevive a duras penas mientras las únicas posibilidades de trabajo para la gente joven son de camarero y en hostelería con contratos temporales y precarios. Hace unos días, uno de esos jóvenes me comentaba la explotación de refugiados sirios haciéndoles trabajar por un euro diario y me dijo: “que nadie se rasgue las vestiduras porque aquí también hay gente trabajando con esas condiciones económicas”. Esto, salvando las distancias, da una idea clara de cómo se sienten las personas que consiguen algún trabajo aquí.

Y es que es imposible que Extremadura salga del furgón de cola sin unas buenas y rápidas comunicaciones con los centros de negocio y con los lugares estratégicos necesarios para el desarrollo. Viajar en avión de Londres a Madrid lleva dos horas, viajar de Madrid a Mérida cinco horas (las opciones son el tren o el autobús) y además el billete puede salir más caro, comparando distancias. Ir de Mérida a Barcelona en tren puedes hacerlo en un viaje agotador que te hace perder un día entero, o puedes hacerlo combinando el “tren ordinario” y el AVE. Lo de las comillas es para resaltar que aquí solo tenemos trenes de media distancia y aunque vayas a Madrid tienes que hacerlo en unos coches sin ningún tipo de servicio, unos trenes que producen vergüenza ajena cuando vas en ellos, con unas vías que te obligan en muchos trayectos a disminuir la velocidad de manera drástica; pues bien, ir de Mérida a Madrid son cinco horas de esos “trenes ordinarios” y de Madrid a Barcelona tardas algo menos de dos horas en AVE. La oferta que hace Renfe en estos desplazamientos lleva a que el billete cueste prácticamente lo mismo de Mérida a Madrid que de Madrid a Barcelona.

No podemos competir con el resto de España. Nuestras condiciones geográficas nos sitúan en un lado del mapa, sin salida al mar, con un aeropuerto situado en la esquina más occidental de la región que resulta muy costoso y con pocas escalas, con unos trenes vergonzosos y con la carretera como única posibilidad de comunicación, lo que significa que tanto los transportes como los viajes personales duran excesivamente. A ninguna empresa medianamente exigente le interesan estas condiciones, por tanto, o exigimos las inversiones necesarias para paliar nuestras carencias o tendremos que seguir viendo como nuestra juventud se sigue yendo fuera por falta de trabajo y nuestra gente de mediana edad se tiene que jubilar anticipadamente porque ya no va a poder encontrar un trabajo que sustituya el que perdió, con la consiguiente rebaja en las pensiones, ya de por sí bastantes bajas. El AVE no es un lujo ni un despilfarro, es invertir en el presente y el mañana de nuestra región y de nuestras gentes.

Por eso, aunque puedo entender que las Organizaciones convocantes de la manifestación del pasado día 22 en Badajoz y las que vendrán hayan optado por el lema “Un tren digno para Extremadura” en aras a conseguir que se sumen a la convocatoria aquellas otras reacias al AVE o claramente en contra de las inversiones que suponen unas infraestructuras de esta índole, no comprendo que se queden sólo en eso, porque creo que pedir un tren digno es como conformarse con una carretera bien asfaltada mientras el resto del mundo viaja en autovía. Sin embargo me sumo a estas manifestaciones y tienen todo mi apoyo y mi agradecimiento por el esfuerzo que están realizando. Pero creo que Extremadura y sus responsables políticos deben exigir sin complejos las mejores infraestructuras ferroviarias y si no saben hacerlo que se dejen asesorar por quienes sí saben de todo esto. Nos jugamos nuestro futuro.

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