Una ligera dramedia

Tiresias

www.nosolomerida.es | Festival de Mérida | Minerva| Con solo leer o escuchar el nombre de Minerva, nuestra mente pone el foco, inevitablemente, en la diosa romana de la sabiduría y las ciencias, la guerra y la paz, la filosofía y la justicia, la industria y el comercio, la educación y las artes y los oficios. Pero no va de ella el asunto que nos traemos entre manos. O no exactamente, pues va de una figura mortal que se le parece mucho. La Minerva de nuevo cuño que estrena absolutamente el Festival de Mérida, en resultona entente con la productora autóctona Samarkanda Teatro, ha sido moldeada a cuatro manos por la pareja formada por Assumpta Serna y Scott Cleverdon, y lo que recrea, en realidad, es la (intra)historia de un período corto —apenas cuarenta años, de los cinco siglos largos que duró— pero glorioso —el mandato de cinco emperadores— del Imperio romano. Más concretamente, el devenir de una mujer paradigmática y su no menos ejemplar estirpe.

Así, las avenencias —muchas— y desencuentros —muchos menos— de esta noble familia de artistas y creadores romanos sirve a los autores para reflexionar con herramientas pretéritas acerca de asuntos de la más rabiosa actualidad: el aborto, la eutanasia, la emancipación de los jóvenes, el amor libre, la igualdad entre sexos, la libertad de credo, el cinismo político… Un totum revolutum del que algunos asuntos salen mejor parados que otros, pero https://www.festivaldemerida.es/wp-content/uploads/2022/07/imagenes-de-escena-minerva-900x600.jpgque, pieza a pieza, conforman una visión progresista y estoica de la existencia que cristaliza en un espejo de gigantescas dimensiones frente al que el público es impelido a retratarse, no a reflejarse.

La inspiración les llegó a los dramaturgos a raíz de la lectura de Les Dîners de Calpurnia de Jean Diwo, y el texto fue engordando a base de un profundo estudio de la época de máximo esplendor del Imperio romano. Durante el proceso, algunas figuras reales se fueron imponiendo, y sus hazañas fueron adaptadas a las características particulares de cada uno de los actores, redondeando un plantel de personajes diseñado ad hoc para este espectáculo. Porque esta obra, justo es recordarlo, ha sido escrita expresamente para este certamen y, más concretamente, para ser representada en el Teatro Romano de Mérida, que a la postre se convierte en convidado de piedra de la resolución del conflicto, sirviendo como escenario de un divertido juego metateatral.

Por su temática y por el tono general de los acontecimientos, el montaje recuerda mucho a la Hipatia de Alejandría estrenada el año pasado en el Festival, aunque en este caso se apueste decididamente por explotar la comicidad de algunos personajes y escenas, convirtiendo la propuesta en una ligera dramedia, y aunque, por desgracia, esta vez el conjunto desfallezca mucho antes de su conclusión por culpa de una duración excesiva —más de dos horas— y un ritmo aquejado de disrupción.

Con todo, conviene destacar que, en esta producción extremeña con trazas internacionales, integrada por profesionales de Escocia, Estados Unidos o Argentina, los protagonistas rayan a gran altura: la Minerva de Assumpta Serna es un dechado de elegancia y compostura, de maestría; el Céler de Francesc Albiol, un amor de comicidad gagá; y el Pólux de Fermín Núñez, un ejemplo de cómo mantener el tipo sin complejos ante dos grandes de la escena.

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