Antonio Paniagua Ruíz

Opinión - José Luís Arellano Herrera

www.nosolomerida.es | Opinión | José Luís Arellano Herrera | Hablar de Antonio Paniagua Ruíz en Mérida, es casi tanto como hablar de humildad, obediencia, sencillez, servidumbre, amistad, etc., etc., o del mejor de los amigos. ¿Quién no conocía a Don Antonio Paniagua Ruiz?. Paniagua en nuestra ciudad, se podría decir que ha vivido desde siempre. Era de Don Benito; pero su trabajo y su labor sacerdotal, lo ha realizado aquí y precisamente en los peores años de la Dictadura; y fue un hombre que dedicó su vida pastoral como coadjutor de la Catedral de Santa María en educar a los jóvenes de la época en principios de solidaridad, perseverancia, ética y moralidad, pero sobre todo y casi exclusivamente, en defender los intereses de los más humildes, los trabajadores, los jornaleros, los artesanos; en definitiva de los más necesitados y lo hizo siempre arriesgando su nombre…, su prestigio…, y yo diría que hasta su piel…, en defensa de todos ellos; pues no en balde, ni le importaba, ni le desagradaba que le llamaran el “cura rojo”.

Ya no está entre nosotros y bien que lo sentimos…, pues sus consejos, sus toques, sus juicios y sus reflexiones de los últimos años, en su apartada reclusión en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Mérida, bien que los echaremos de menos. El final insalvable de todo ser humano es ese, la muerte, es ineludible, vital, trascendental aunque nos duela. Solo que a veces, nos tenemos que ir sin haber cumplido nuestros objetivos, o haber recibido el beneplácito merecido de nuestra obra.

Y así es, porque Antonio Paniagua Ruiz se marchó con todos sus deberes hechos y con nota alta; en cambio le faltó seguramente, recibir lo más relevante que un ser humano puede recibir, que es el reconocimiento “público” de un trabajo perfecto y bien acabado, y en ese aspecto, tengo que reconocer que nuestro Ayuntamiento de Mérida, por razones que desconozco, no supo reconocer sus méritos a tiempo, nombrándole HIJO ADOPTIVO de la ciudad, a pesar de habérselo pedido oficialmente los días 09-04-2010 con Nº de Registro de Entrada 8.385/2010 y recordándoselo de igual manera el 25-10-2.010.

Y es que, ese reconocimiento no fue solicitado a título personal, sino que fue como consecuencia de una petición mía a la Asamblea Extraordinaria de la Federación de las Asociaciones de Vecinos “Emérita Avgvsta”, el día 30 de Junio de 2009, en donde se aprobó por “Mayoría absoluta” y refrendada en la Asamblea Ordinaria el 29 de Octubre del mismo año, por “Unanimidad”, hechos que se recogen debidamente en las Actas correspondientes de la Federación.

Es decir, que ese reconocimiento fue multitudinario, porque tuvo el respaldo de “todos los vecinos de la ciudad sin excepción”; por lo que, no era una petición cualquiera, ni personal, que se hace en un momento de euforia. ¡No!, esa petición fue muy estudiada y como consecuencia del reconocimiento a un escritor infatigable, con algunos títulos publicados en su historial.

Era como premio, a una persona que ya rondaba los 80 años, que vivía entre nosotros desde hacía muchos años y que había sido un hombre dedicado en cuerpo y alma y casi exclusivamente a defender los intereses de los más humildes, en tiempos muy difíciles, arriesgando su buen nombre, su prestigio sacerdotal y hasta su túnica, como decía al principio.

Y no sin dejar de reconocer, que en esta ciudad se han otorgado nombramientos con un bagaje de merecimientos, infinitamente más bajos que los que atesoraba Don Antonio Paniagua Ruíz.

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