¿En qué manos está el Festival de Mérida?

Opinión - Península Histérica

OPINIÓN | Península histérica | Ante la inminente decisión del Consejo Rector del Festival de Mérida acerca del futuro del evento cultural más importante de Extremadura, el semanario VOZ emérita publicaba el pasado lunes "el punto de vista de expertos del mundo del teatro y conocedores del Festival de Mérida" respecto a dos cuestiones: 1. ¿Qué balance hace de la gestión de Francisco Suárez en estos tres años?; y 2. ¿Hacia dónde cree que debe ir el Festival de Mérida en los próximos años? Las personas llamadas a consulta fueron: José Monleón, primer director del Festival de Mérida entre 1984 y 1989, fundador de la revista Primer acto, del Instituto Internacional del Teatro del Meditérraneo, del Festival Madrid Sur y premio Nacional de Teatro 2004; Rosana Torres, especialista en artes escénicas de la sección de Cultura de El País y de la Guía del Ocio y premio Nacional de Literatura a la labor Crítica en 1980; Julio Bravo, especialista en teatro y danza de la sección de Cultura y Espectáculos de ABC; Miguel Ayanz, crítico teatral de La Razón; Leandro Pozas, autor, profesor y crítico teatral regional; José Manuel Villafaina, autor, profesor y crítico teatral regional; y Esteban García Ballesteros, actor y productor regional.

 

Vayamos con las respuestas a la primera cuestión de los profesionales de fuera de Extremadura: para Monleón, en las programaciones de Paco Suárez "no sólo han dominado los grandes espectáculos dramáticos sino que, además, la elección de los títulos ha respondido a un criterio de modernidad, solicitando una actitud reflexiva de los espectadores"; según Torres, "el balance es el de una persona que se ha arriesgado y que ha llevado propuestas del mundo grecolatino. Lo veo desde el punto de visa del espectador, y desde ese punto de vista se han visto cosas muy interesantes, otras menos y otras innecesarias. Pero ha habido un riesgo"; Bravo abunda en lo mismo y cree "que habría que calificarla de positiva en líneas generales. Como todas las gestiones, discutible. Y me refiero únicamente a lo artístico; sobre la cuestión económica no tengo información suficiente. Pero ha habido espectáculos importantes, ideas interesantes y un deseo de darle al festival un sello diferente. Le ha dado al festival una notoriedad que creo que había perdido en los últimos años, especialmente con los espectáculos exclusivos"; y Ayanz vislumbra la realidad, aunque no cuenta todo lo que sabe, y reconoce que "es difícil de valorar. Creo que no ha tenido las manos libres. No es una buena gestión, al menos como programador; [...] Cabría preguntarse hasta qué punto ha tenido libertad para programar".

 

A la misma pregunta, los extremeños responden tal que así: Pozas pone el piloto automático de la nostalgia y falta a la verdad -las hemerotecas y las memorias internas están ahí para corroborarlo- cuando afirma que "es evidente que el último festival es peor que el anterior y éste a su vez peor que el anterior"; a Villafaina le ciegan demasiado las rencillas personales y localistas, al hablar de "la más desastrosa e irrisoria en la historia del Festival. Llena de contradicciones y tropiezos donde oscuros intereses han estado en juego, tal vez, al conjuro falaz o ignorante de algunos responsables del Patronato"; y para García Ballesteros, "la valoración es negativa, bien porque no le han dejado, bien porque ha sido su decisión. Yo creo que ha habido gente que no le ha dejado hacer lo que quería. Como director del Festival tiene que pasar por encima de esa gentuza y hacer lo que pretendía inicialmente, que era una idea maravillosa. Ha sido negativa porque se deja influir por esas personas y como director del festival tiene que tomar otra determinación".

Los expertos nacionales responden a la segunda cuestión como sigue: Monleón entiende "que el futuro del Festival de Mérida, sin abandonar nunca la naturaleza de la poética teatral, de cuanto hay en ella de ejercicio del imaginario, debe ser una aportación a lo que hoy se llama una Cultura de Paz"; para Torres, "el Festival debe mantener su seña de identidad, porque es lo que le da categoría de único. Como empiece a programar cosas que uno puede encontrar en cualquier plaza de toros o en cualquier teatro de España, será su fin y su fracaso. Nació con una seña de identidad y quien la destruya estará destruyendo un patrimonio que no le pertenece, y la historia se lo echará en cara"; Bravo advierte que "Mérida es un festival con una personalidad muy definida, marcada fundamentalmente por el teatro romano, que es un poderoso condicionante pero nunca un problema. El Festival debe, en mi opinión, mantener esa personalidad, y servir de vehículo para presentar nuevas visiones sobre los clásicos. Y habría que guardar el equilibrio entre los montajes de los grandes textos y las visiones contemporáneas sobre esos mismos clásicos"; y Ayanz reconoce sus limitaciones, ya que "debe ir, sin duda, hacia la excelencia. [...] Apostar por el Festival. Yo no sé cómo se hace eso, porque para eso están los programadores".

Y los extremeños, de nuevo, a lo suyo respecto a la segunda pregunta: Pozas, ambiguo, reclama "un Festival donde se contemple un teatro de calidad al margen de que sea cómico o dramático. Lo que no se puede hacer es obras de usar y tirar, sacar dinero y decir que ha ido mucha gente. O es un festival de teatro o se convierte en una serie de representaciones con otros fines, pero le quitamos el nombre de festival de teatro"; Villafaina aprovecha para colgarse una medalla que le niega la historia al asegurar que "el evento está cada vez más lejos de conseguir esa gran fiesta teatral de la grecolatinidad, que es hacia donde debe ir el Festival. Algo por lo que hemos luchado algunos artistas e intelectuales extremeños desde la irrupción democrática"; y García Ballesteros remata barriendo para casa, al pensar que "debería coger el rumbo que tomó con Francisco Carrillo con un festival abierto a la ciudad en el que participemos todos los colectivos artísticos de Mérida".

Las conclusiones has de extraerlas tú mismo, pues puedes recrearte en las declaraciones de unos y otros y más arriba tienes algunos datos para distinguir a los 'expertos' de los 'conocedores'. Nosotros solo añadimos una consideración a ambas cuestiones: la temática grecolatina condena al programador del Festival de Mérida a ceñirse a una coyuntura cuya oferta artística es muy limitada, por lo que la figura del director pasa a un segundo plano comparada con la estructura orgánica del propio certamen, que debe definir, de una vez por todas, un equipo de trabajo estable y unos criterios de programación inamovibles para garantizar el futuro del festival de teatro con mayor pasado de España; un pasado y un futuro que la ineptitud y la necedad de los actuales regidores político-económicos amenaza con finiquitar de manera irrecuperable.

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