Seguridad y caprichos del Presidente

Opinión - José Luís Arellano Herrera

www.nosolomerida.es | Opinión | Jose Luis Arellano Herrera | Cuando hablamos de la seguridad del Presidente de Extremadura, ¿de qué estamos hablando?, ¿estamos hablando de su cuerpo físico como persona, estamos hablando del lugar  en donde se encuentra, su despacho, su sala de estar, su dormitorio, de qué?. Porque si estamos hablando de su persona, lo lógico es que la policía que le custodia, debería estar lo más próxima  a  él, a su cuerpo y en las mejores condiciones. ¿O no?.

Si el Sr. Monago estuviera donde debería estar, es decir en su casa del Paseo Fernández López de Mérida, que para eso es la Residencia Oficial del Presidente de la Junta de Extremadura y para eso se construyó; tendría en la misma puerta de su casa a la policía nacional, custodiándole de noche y día, al mismo tiempo que custodiaban las oficinas públicas que allí existen y estarían ubicados en el centro de la Capital de Extremadura, con unas vistas preciosas al río Guadiana y en un lugar apropiado para esos menesteres y no en una “garita indecente”, según nos afirma el Portavoz  del SUP Don Pedro DONOSO, pero sobre todo a un precio irrisorio y  razonable  y no lo que nos quiere hacer ver.

Y no es que lo diga este Sr., que ya hace bastante con denunciarlo, sino es que además de todo ello, con la postura hiriente y despreciativa del Sr. Monago, ha obligado a la policía a recortar un servicio público de los pacenses para cubrir sus necesidades en su chalet privado de Badajoz.

Para todo el mundo habría sido mucho más fácil, más barato y más seguro, el hecho de que el Presidente se hubiera quedado a vivir en Mérida, sobre todo en materia de habilitación y en materia de seguridad también, aunque nadie se plantee donde debería vivir el Presidente, porque ese es su problema; pero al menos que no quiera hacerse la víctima, diciendo que le está ahorrando dinero a la economía extremeña con su actitud, ni un solo euro por vivir en Badajoz, cuando él sabe de sobra que es todo lo contrario.

Él, que debe saber mucho en los temas de seguridad por su experiencia como bombero, tendrá que reconocer que las plantillas del Cuerpo Nacional de Policía se forman y organizan en función de las necesidades para las que se crean y como consecuencia de ello, Mérida tiene una sobredimensión de policías con respecto a otras poblaciones de sus características, para poder cubrir las necesidades de la seguridad institucional.

De hecho y sin que sirva de comentario, en Mérida hay una plantilla adaptada para dar servicio al Presidente durante las 24 horas del día y los 365 días del año, para poder prestar un servicio digno.

Como ya decía al principio, los policías que prestan servicio en la casa pacense del Presidente en Las Vaguadas, se encuentran a más de 200 metros de su persona, cuando deberían estar justo al lado de la persona a proteger. ¡No está ni siquiera visible!. Y es más, según tenemos entendido los policías han tenido que pedir premiso para poder utilizar los servicios de la piscina para hacer sus necesidades más perentorias.

Es decir, que hoy por hoy todos los extremeños estamos pagando gusto y gana por los caprichos del Sr. Monago, ya que las 18 casas que cubren aquella manzana, cuentan con una seguridad elitista en la urbanización, gracias a nuestro Presidente y por si fuera poco, para adecuar la vivienda a sus necesidades, la Junta de Extremadura tuvo que gastarse 17.000,- euros en equipos de seguridad y esto sin contar, que en la actualidad los policías que cubren el servicio, ya no solo son de Badajoz, sino que tienen que ir desde Mérida 10 números, para cumplir  ese  servicio.

Y como los comentarios caprichosos del Presidente son tantos, solo me resta recordaros que cuando fue elegido Presidente, no se le ocurrió otro sitio más idóneo para su “coronación” que el Museo Nacional de Arte Romano para la ceremonia, o cuando llegó a la Asamblea de Extremadura, hizo cambiar a todos los parlamentarios de silla, porque hasta entonces todos estaban equivocados de sitio y por si fuera poco, le cambió el nombre a la Junta y a la Asamblea de Extremadura, por los de Gobierno Extremeño y Parlamento Extremeño, teniendo que cambiar todos los documentos, carteles anunciadores, mesas, sillas, etc.,  y como todavía le faltaba algo, no tuvo mejor ocurrencia que irse a vivir a Badajoz, despreciando y desairando a los emeritenses de por vida. ¡Un Presidente  ejemplar!.

 

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