Año Nuevo, gobierno nuevo

Opinión - Colaboradores

OPINIÓN | Suele ser habitual que al llegar el fin de año más de uno aproveche la ocasión para realizar todo tipo de balances sobre la evolución de la cosa pública. Es ahora cuando el ciudadano debe sufrir una plétora de valoraciones, buenos deseos o malos augurios sobre lo pasado y lo que queda por llegar. En esta ocasión el ritual del resumen y la evaluación anual adquiere mayor relevancia -para quien la tenga- puesto que el fin del año coincide con el comienzo de un año electoral para nuestros municipios y nuestra comunidad autónoma. Así las cosas, más de uno aprovechará estas fechas para pensar a gritos: año nuevo, gobierno nuevo.

Resulta obvio que las dificultades que está sufriendo buena parte de los ciudadanos les hará reflexionar a más de uno hasta el punto de cambiar su voto con respecto a las últimas citas electorales. Por mi parte, puede decirles que tengo decidido a quién voy a votar, y cuáles son mis motivos. En mi opinión, la única apuesta con perspectiva de futuro puede ser aquella que proponga alternativas a lo hecho hasta la fecha. Los resultados de lo que nos han ofrecido hasta estos momentos son bien conocidos, y no creo que sea necesario incidir en esto, ahora bien, si entendemos que los resultados de las políticas que defienden los que han gobernado en las últimos veinte años no son satisfactorios, bien parece que deberíamos cambiar la orientación de nuestro voto para hacer nuestra aquella frase de: "si no quieres repetir el mismo resultado, no hagas dos veces lo mismo".

La procesión de responsables, lamentándose de la gravedad de la situación que vive nuestra ciudad, se ha convertido en una imagen habitual ante nuestras retinas. En multitud de ocasiones hemos sido testigos de las quejas del señor alcalde sobre la mala situación económica de las cuentas públicas y los desmanes de un modelo de financiación que condena a los ayuntamientos a la miseria. Y tiene razón el señor alcalde.

Sin embargo, existen ciertos elementos de juicio que el señor Calle no se ha molestado en señalar. En primer lugar, las propuestas de gobierno que presentó desde su candidatura cuando muchos no vislumbraban lo que se avecinaba, eran las mismas que en plena crisis, por lo tanto podemos concluir que las líneas generales de su actuación hubieran sido las mismas.

En segundo lugar, no parece coherente lamentarse de las consecuencias de las medidas que previamente se han defendido. Durante toda la legislatura el gobierno municipal ha asumido sin rubor el discurso de la rebaja de impuestos como un instrumento positivo de gobierno a favor de los ciudadanos: ¿Cuál ha sido el resultado? Una disminución de los ingresos del Ayuntamiento, que tan solo en la rebaja del IBI ha visto decrecer sus recursos en un 13%, eso, y el lamento del señor alcalde. La reducción de la capacidad de gasto del Ayuntamiento no ha tenido en la rebaja fiscal su única causa.

La privatización de servicios públicos ha sido una constante en la labor de gobierno del señor Calle, que en este sentido también ha sabido continuar la labor del señor Acedo. Según entienden las personas que gestionan nuestra ciudad, los emeritenses quieren renunciar sin ningún género de duda a los beneficios económicos que aporta el sector público, que dedica su actividad a aquellos servicios esenciales por los que los empresarios privados se muestran ansiosos, pero cuyos ingresos desprecia el Ayuntamiento y el gobierno local.

Posiblemente desde el PSOE y el PP considerarán que los empresarios que se muestran dispuestos a gestionar o apropiarse de dichos servicios públicos lo hacen por puro altruismo, y en ningún caso para embolsarse de los buenos dineros que reporta su gestión.

El aparcamiento de la Politécnica, la gestión del futuro aparcamiento frente a las consejerías que se ubicarán en el III Milenio, las guarderías municipales y los centros de día para mayores, son los ejemplos que podemos aportar para demostrar el desprecio del PSOE por todo aquello que tiene que ver con el sector público y la gestión directa de los servicio públicos.

Si observamos lo que se ha hecho en estos últimos años en Mérida, para aquellos que nos consideramos de izquierdas el balance es claro, ahora como antes, en Mérida gobiernan aquellos que hacen suyos los valores y los principios de la derecha política y económica.

Dicho todo lo anterior, estamos en condiciones de señalar que uno de los rasgos que podríamos destacar de la última legislatura en nuestra ciudad es que nos hubiera dado lo mismo si las últimas las elecciones las hubiera ganado el PSOE o el PP. En los últimos cuatro años algunos nos han servido para constatar lo que tantas veces hemos dicho en tantos sitios: el PSOE no es una alternativa para las políticas del PP, puesto que unos y otros practican las mismas ideas.

Ustedes verán lo que más nos convine a todos, yo por mi parte lo tengo bien claro.

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